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Ki En el corazón del Aikido, como vía espiritual, se halla el ki, la energía que forma el mundo y que también se encuentra en el interior de cada ser humano. El concepto de ki tiene su origen en los pensadores primigenios de la antigua china, pero no se limita a ellos, sufriendo modificaciones a lo largo de la historia. El principio metafísico del ki fue introducido en el Japón, y sostenido durante los Períodos Nara y Heian (710-1185), pero la introducción del pensamiento Budista de la India, a través de China, afectó a su significado debido a la idea de la retribución kármica. Para el Maestro Ueshiba cobra dos aspectos: la unidad del individuo con el universo, y la expresión libre y espontánea del poder de la respiración. Cuando los ritmos de la respiración y de los movimientos de Aikido se armonizan con el ritmo del universo, la mente y el cuerpo se centran y cada movimiento se convierte en una rotación esférica. Hara El Hara es un punto situado un par de dedos por debajo del ombligo, es el centro del cuerpo humano, donde se concentra y desde donde parte la energía para realizar las técnicas de Aikido. Cuando nos desplazamos lo hacemos a través de nuestro Hara. Al realizar las técnicas debemos estar concentrados en nuestro Hara, que debe permanecer estable en todo momento. No-resistencia Desde un punto de vista físico o mecánico, en un enfrentamiento de dos fuerzas ganará siempre la mayor, por tanto hay que evitar oponer la fuerza a la fuerza. La no-resistencia no es tampoco una total pasividad o un absoluto dejar hacer al adversario, sino saber aprovechar su impulso y su desequilibrio en su propio perjuicio, siguiendo este principio dejará de tener importancia el que nuestro oponente sea mucho más fuerte que nosotros. No-violencia El Aikido es en esencia defensivo y sin intención de combate, este arte marcial no enseña la estrategia ofensiva. El tori debe defenderse de manera tal, con tal habilidad y maestría, que no debe lastimar a su agresor. El resultado de la acción del tori no se obtiene por la destrucción del agresor, sino por el restablecimiento del orden, una vuelta al equilibrio que hace que el uke pierda su agresividad y su intención de atacar. En ningún momento de la práctica del Aikido se manifiesta brutalidad ni violencia. Aún las técnicas de contención, que sirven para desarmar e inmovilizar al atacante, no corren el peligro de lastimar o de provocar una fractura. Para actuar en un contexto de violenta fuente de desorden, el Aikido necesita los medios de luchar contra ella sin volverse su cómplice. Fuente principal: Ueshiba, Kisshomaru. 1988. El espíritu del Aikido. Madrid. Editorial Eyras. Bibliografia |